Mi primer trabajo serio, tras varias experiencias como free-lance, me llevó a finales de los ’80 a trabajar en el departamento de informática de un gran banco, un entorno mainframe. Un mainframe no era un ordenador cualquiera. Los que trabajábamos en este entorno destilábamos entonces un cierto orgullo profesional, fruto de trabajar con los que se anunciaban como los ordenadores más grandes del mundo. 

En aquel momento y en aquel entorno, el mainframe era el centro de un universo alrededor del cual giraba todo. Y todo significa TODO. Los sistemas de almacenamiento en disco, las cintas y cartuchos, las impresoras, todos ellos tratados como subsistemas o periféricos. Los terminales y las comunicaciones (específicas),  los sistemas de alimentación eléctrica y la refrigeración por agua. Los analistas de sistemas, operadores, planificadores, desarrolladores, responsables de seguridad…e incluso los managers. El Datacenter orbitando alrededor de una única plataforma, un universo autocontenido y de fronteras conocidas.

Hoy el mainframe convive con sistemas abiertos que coexisten  a su vez con sistemas virtuales los cuales  pueden componerse en forma de nube. Los sistemas de almacenamiento proporcionan servicio a múltiples plataformas heterogéneas simultáneamente. Las redes de comunicaciones, los sistemas eléctricos y de climatización tienden a la estandarización, comunes para todas las plataformas. Y estas plataformas son ahora  las que orbitan alrededor de las personas, donde es común que un técnico de sistemas, por ejemplo, tenga a su cargo algunos centenares de sistemas virtuales.

En definitiva, se trata de un universo más abierto, donde las fronteras se expanden, no sólo en término de plataformas o localizaciones, sino incluso empresas distintas. Si utilizo uno o múltiples  proveedores de servicio, conceptualmente mi datacenter llega hasta allí e incluso alcanza a un usuario final cuyo terminal es heterogéneo, inteligente y móvil. Un espacio vasto y en permanente expansión.

En este nuevo entorno, algunas habilidades aparecen o se potencian en nuestras organizaciones.  La primera es, quizá la de pensar en nosotros mismos como parte del negocio y no solamente como un centro de costes, esto es, hacer nuevas propuestas, añadir valor a la cadena productiva. 

Hay que potenciar la visión estratégica, y más en este momento de presupuestos bajo presión, analizar las oportunidades de crecimiento del negocio a medio y largo plazo. Explorar nuevos modelos de arquitecturas y explotación. Conocer la oferta de servicios generada a nuestro alrededor, en infraestructura, plataforma y aplicaciones. Escoger las opciones más adecuadas para cada departamento o servicio, en función del  valor y coste.

Construir arquitecturas globales a través de distintas tecnologías.  Planificar la convivencia o integración entre los sistemas y arquitecturas. Medir la calidad de nuestro servicio y pasar la factura a quien corresponda.

Y hay que lidiar con los nuevos usuarios, nacidos digitales, innovadores, indisciplinados, y más productivos, acostumbrados a navegar por universos abiertos y difíciles de encerrar en el datacenter. Todo ello no sólo manteniendo sino incrementando la seguridad de nuestros datos y procesos.

Seguramente veremos aparecer nuevos perfiles para cubrir algunas de estas necesidades, pero en cualquier caso, algo queda claro: No nos vamos a aburrir.  

 

 

 

 

 

Alejandro Giménez

Alejandro Giménez

Alejandro Giménez, CTO EMC España. Un veterano con 20 años de experiencia tecnológica y comercial en el mundo de las TI. Sus clientes son su fuente favorita de información. Valora a EMC como un germen de innovación permanente @alexgimenezf
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